Las cuentas públicas suelen analizarse a partir de cifras anuales: cuánto ingresan y gastan las administraciones, cuál es el déficit de un ejercicio o cómo evoluciona la deuda. Estos datos son imprescindibles para conocer la situación de las finanzas públicas, pero no siempre bastan para saber si avanzan por una senda sostenible.
Esto se debe a que no todas las decisiones tienen el mismo impacto en el tiempo. Una medida temporal puede elevar el déficit un año y desaparecer después; una inversión puede generar compromisos futuros; una subida de tipos puede encarecer progresivamente la deuda; y retos como la transición ecológica o la digitalización pueden requerir actuaciones públicas sostenidas durante varios ejercicios.
Los riesgos fiscales no siempre se ven a corto plazo
Algunos de los principales desafíos de las finanzas públicas se entienden mejor cuando se observan durante varios años. Por ejemplo:
El gasto en intereses
No depende solo del volumen de deuda existente en un momento concreto, sino también de cómo evolucionan los tipos de interés y de cómo se va refinanciando esa deuda.
El gasto asociado al envejecimiento
No se produce de un año para otro, sino de forma gradual, a medida que cambian la demografía y las necesidades de gasto.
Gastos imprevistos
Gastar más de lo planeado en un año puede no tener un impacto grave ni especialmente visible en ese momento, pero si este exceso se produce de forma continuada y no se compensa con un esfuerzo extra en el futuro, en algún momento pasará factura.
Un aumento sostenido del gasto estructural, una subida gradual del coste de la deuda o una desviación continuada respecto a los compromisos fiscales pueden limitar la capacidad futura para financiar nuevas políticas, responder a necesidades sociales o afrontar situaciones imprevistas.
Anticiparse para decidir con más margen
Detectar los riesgos con tiempo permite tomar decisiones de forma más ordenada. En cambio, si se identifican tarde, las medidas necesarias pueden tener que adoptarse con más urgencia, con menor capacidad de planificación y con menos margen para elegir entre distintas alternativas.
Por eso, la AIReF no se limita a analizar el ejercicio en curso. También realiza previsiones macroeconómicas y fiscales a medio plazo para valorar si la evolución prevista de las cuentas públicas es compatible con una senda sostenible.
Qué muestra el último informe de la AIReF
El último informe de seguimiento del Plan Fiscal y Estructural de Medio Plazo (PFEMP), publicado el 14 de mayo, refleja la importancia de analizar las cuentas públicas con una perspectiva de varios años. En él, la AIReF evalúa el Informe de Progreso Anual del PFEMP publicado por el Gobierno y constata que, aunque formalmente se adecúa a la normativa, su contenido es insuficiente para identificar adecuadamente los riesgos de desviación respecto a los compromisos y previsiones recogidos en dicho PFEMP. Por este motivo, la AIReF examina la situación de 2026, pero también proyecta la evolución de las principales variables fiscales hasta 2030. Así, las previsiones de la AIReF apuntan a tres mensajes.
Primero, el déficit se mantendría por debajo del 3% del PIB durante todo el horizonte de previsión, aunque volvería a aumentar ligeramente tras reducirse en 2027 hasta situarse en el 2,4% del PIB en 2030. Esta evolución se explica, entre otros factores, por el aumento del gasto asociado al envejecimiento, la defensa y los intereses.
Segundo, la deuda pública seguiría reduciéndose en el medio plazo, hasta situarse en torno al 95% del PIB en 2030. Sin embargo, la AIReF advierte de que, a políticas constantes, podría volver a crecer a mediados de la próxima década por las presiones derivadas del envejecimiento de la población.
Y tercero, también a políticas constantes, el gasto primario neto de medidas de ingresos crecería, en promedio, un 5% anual entre 2025 y 2028, frente al 3,4% comprometido en el Plan Fiscal y Estructural de Medio Plazo, en ausencia de medidas adicionales.
Más allá de cada cifra concreta, el mensaje es claro: para valorar la sostenibilidad de las cuentas públicas no basta con comprobar si se han cumplido los objetivos hasta ahora. También hay que tener la mirada larga y observar si la evolución del gasto, del déficit y de la deuda es coherente con los compromisos adquiridos y con los retos de los próximos años.
Para qué sirve una estrategia fiscal de medio plazo

En este contexto, la AIReF recomienda articular una estrategia fiscal de medio plazo realista y creíble. Se trata de una hoja de ruta para varios años que ayude a ordenar cómo deberían evolucionar los ingresos y los gastos, qué medidas pueden ser necesarias y cómo se coordinarán las distintas administraciones.
Esta planificación es especialmente relevante en un país descentralizado como España. La Administración Central, las comunidades autónomas, las corporaciones locales y los Fondos de la Seguridad Social influyen en el resultado conjunto de las cuentas públicas. Por eso, para cumplir los compromisos fiscales nacionales y europeos, no basta con mirar cada administración por separado: es necesario contar con una visión coherente para el conjunto de las administraciones públicas.
Una hoja de ruta para unas cuentas sostenibles
Mirar las cuentas públicas con perspectiva de medio plazo no significa dejar de prestar atención a lo que ocurre cada año. Significa completar esa información para entender mejor la dirección de las finanzas públicas. Las cifras anuales permiten conocer la situación de partida. La planificación a varios años ayuda a valorar si esa evolución es sostenible, si existen riesgos acumulados y si las decisiones actuales son coherentes con los compromisos futuros.
En definitiva, anticipar la evolución de ingresos, gastos, déficit y deuda permite tomar decisiones con más margen y evitar que los problemas se acumulen. Para que las cuentas públicas sean sostenibles, no basta con mirar el dato de un año: es necesario valorar cómo evolucionarán en los próximos ejercicios.







