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AIReF

“Nuestra misión es garantizar el cumplimiento efectivo del principio de sostenibilidad financiera por las Administraciones Públicas“

Pensiones, sanidad, cuidados: cómo el envejecimiento afecta a todo el gasto público

Imagen de dos ancianos dándose la mano para ilustrar el post que habla de los efectos del envejecimiento. Se ven las dos manos en primer plano. Fuente Pixabay

Cuando hablamos del envejecimiento de la población solemos pensar de forma casi automática en el incremento que provocará en el gasto en pensiones durante los próximos años. Pero lo cierto es que los efectos del envejecimiento van mucho más allá. Vivir más tiempo implicará también cambios en otras partidas clave del gasto público, como la sanidad, los cuidados de larga duración e incluso la educación. Abordar este desafío con una visión integral será esencial para asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Esta es una de las conclusiones que trasladó nuestra presidenta, Cristina Herrero, a la Comisión permanente del Pacto de Toledo del Congreso, en la que compareció esta semana. Y es que, para nosotros, como organismo encargado de velar por la sostenibilidad como vía para asegurar el crecimiento económico y el bienestar de la sociedad a largo plazo, esta mirada amplia es indispensable.

La presidenta de la AIReF, Cristina Herrero, comparece en la Comisión del Pacto de Toledo del Congreso de los Diputados
¿Estamos entendiendo todas las implicaciones del cambio demográfico que se acerca?
¿Disponemos de una visión completa de cómo afectará al conjunto del gasto público?
En este post intentamos aportar luz sobre estas preguntas.

El aumento del gasto en pensiones, una de las consecuencias

No hay duda de que el envejecimiento provocará un aumento del gasto en pensiones. España destaca por su elevada longevidad, especialmente en el caso de las mujeres, y por ser uno de los países con menores tasas de fecundidad. Esto hará que la población española envejezca rápidamente, con un aumento progresivo del número de pensionistas y un descenso de la población en edad de trabajar compensada parcialmente por los flujos migratorios. A ello se suma que, en paralelo, la pensión media del sistema también irá creciendo, fundamentalmente, por dos motivos:

La revalorización anual, que actualiza las pensiones en función del IPC.

El efecto sustitución, es decir, el hecho de que las nuevas pensiones son más elevadas que las que salen del sistema.

La combinación de ambos factores hará que el gasto en pensiones escale, según nuestras previsiones, del 12,9% del PIB en 2023 al 16,1% del PIB en 2050 para luego comenzar una senda descendente tras la jubilación de los baby boomers.

Cartela que ilustra el gasto máximo en pensiones según las previsiones de la AIReF. El gasto ascenderá al 16,% del PIB en 2050. Letras blancas sobre fondo granate.

La sanidad, otro de los efectos

Pero, como ya hemos dicho, el hecho de que vivamos durante más tiempo tiene muchas otras implicaciones. Una sociedad más envejecida tendrá una mayor demanda de servicios sanitarios y requerirá, por tanto, un gasto mayor en esta partida. Nosotros estimamos que el gasto sanitario pasará del 6,6% del año 2023 al 8% en 2050 y se mantendrá un nivel similar a futuro.

El proceso de envejecimiento explica cerca de un punto porcentual del crecimiento hasta 2034. El resto se debe a que, más allá del efecto de los retos demográficos, la sanidad afronta también otras presiones como la incorporación de medicamentos innovadores, la ampliación de servicios, la actualización tecnológica, y la gestión del personal sanitario. Estas conclusiones se pueden encontrar en algunas de nuestras evaluaciones.

Los cuidados de larga duración, al alza en todo el periodo de previsión

La evolución de esta partida está estrechamente ligada al envejecimiento de la población y a la mejora de la cobertura y las prestaciones vinculadas al gasto en dependencia. Se espera que converja a niveles más cercanos a los de otros países europeos por la ampliación de la población beneficiaria, la profesionalización de los cuidadores y la mejora de las prestaciones. De hecho, no solo se duplica prácticamente en 2050, sino que sigue creciendo de forma relevante hasta 2070. En concreto, el gasto en cuidados de larga duración pasará de suponer el 0,8% del PIB en 2023 al 1,4% del PIB en el año 2050 y el 1,8% del PIB en 2070.

Esta tendencia responde a un cambio estructural: una población más longeva necesita más apoyos, más atención continuada y más servicios profesionales. Es un cambio profundo que seguirá intensificándose durante las próximas décadas.

Cartela que ilustra el gasto máximo en cuidados de larga duración según las previsiones de la AIReF. El gasto ascenderá al 1,8% del PIB entre 2066 y 2070 . Letras blancas sobre fondo mostaza,

Baja el gasto en educación

En el lado opuesto, el envejecimiento reducirá la población en edad escolar, lo que disminuirá la presión sobre el gasto educativo. En concreto, estimamos que se reducirá siete décimas de PIB desde 2023 hasta alcanzar el 3,5% del PIB en 2050 para luego tener un ligero repunte.

Sin embargo y a pesar del descenso vinculado a la demografía, la educación afronta retos estructurales importantes que impactarán en su evolución, como también han evidenciado nuestras evaluaciones. La transformación digital del sistema, los programas de idiomas, la actualización del profesorado, el incremento de los alumnos con necesidades especiales o la necesidad de modernizar y expandir la Formación Profesional son algunos de los retos.

Cartela que ilustra el gasto máximo en educación según las previsiones de la AIReF. El gasto ascenderá al 1,8% del PIB en 2019. Letras blancas sobre fondo morado.

Un enfoque integral, clave

Sin duda el envejecimiento de la población va a suponer un reto mayúsculo para nuestra sociedad, con implicaciones relevantes en servicios públicos esenciales. Las aproximaciones fragmentadas o con el foco puesto en el corto plazo resultan insuficientes.

Se necesita un enfoque integral que tenga en cuenta el impacto del envejecimiento sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo.

Este enfoque también permite abordar el impacto de otras presiones existentes sobre el sector público más allá del envejecimiento como los compromisos en política de defensa, la transición digital o la lucha contra el cambio climático.

En la Opinión que publicamos el pasado mes de marzo, aportamos ese análisis identificando los riesgos y cuantificando sus efectos para que los responsables públicos puedan diseñar políticas mejor informadas. Incluimos, también, otros análisis clave para la sostenibilidad a largo plazo, como la evolución del crecimiento potencial o de los ingresos públicos. Solo con una mirada amplia será posible garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas y, con ella, el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

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