La demografía es la base sobre la que se construye buena parte de la planificación pública. ¿Por qué? Porque la evolución de la población tiene un impacto directo y decisivo en los ingresos públicos y las necesidades de gasto de un país, afectando a temas clave como las pensiones, la sanidad u otros gastos e ingresos de las administraciones públicas.
Por ejemplo, una región con poca población no necesitará el mismo tipo de recursos y gastos públicos que una muy habitada. Aun teniendo el mismo número de habitantes, las necesidades pueden ser completamente distintas según la edad de su población: un país con más niños requerirá más colegios, institutos y universidades, mientras que una sociedad más envejecida demandará más servicios asistenciales y sanitarios.
Estos factores hacen necesario elaborar escenarios sobre la posible evolución a lo largo del tiempo de los fenómenos demográficos que inciden sobre una población.
¿Qué fenómenos demográficos afectan a la evolución de la población?
La fecundidad
El número de niños que nacen.
La mortalidad
El número de personas que fallecen.
Las migraciones exteriores
La llegada de población procedente de otros países y la salida de población residente hacia el resto del mundo.
La evolución de estos tres fenómenos demográficos determina el tamaño de cada población
y su distribución por sexo y edad.
Hacer previsiones ayuda a la toma de decisiones
Si podemos anticipar cuáles son las características futuras de una población como la edad media, el tamaño o su composición por sexo, podremos tomar mejores decisiones, más realistas y sostenibles.
Proyectar el futuro demográfico permite guiar la toma de decisiones sobre aspectos como, por ejemplo, cuántos colegios habrá que abrir, qué capacidad recaudatoria tendrá un impuesto o cómo evolucionará el gasto en cuidados de larga duración. Las proyecciones ponen estos datos sobre la mesa.
Pero no hay que olvidar que son escenarios plausibles, no certezas, por tanto están sujetos a incertidumbre y dependen de los supuestos empleados. Buscan aportar evidencia y aproximar tendencias, pero conviene acompañarlas siempre de hipótesis alternativas.
Nuestras previsiones
Desde 2018, elaboramos nuestras propias proyecciones demográficas para España. ¿Qué muestran?
Que la población residente seguiría creciendo hasta unos 52,7 millones de personas en 2070.

Ese crecimiento se deberá principalmente a la inmigración y a que las personas vivirán cada vez más años.
Los nacimientos, en cambio, seguirán siendo muy bajos, por debajo del número de fallecimientos.
Así, la población crecerá, pero sobre todo envejecerá y como resultado de ello, habrá más personas dependientes, como jubilados y menores de edad, por cada persona en edad de trabajar. Esto es lo que llamamos tasa de dependencia, un parámetro fundamental que mide cuántas personas hay en edad de trabajar por cada menor y por cada jubilado.
Este escenario plantea retos importantes para el sistema de pensiones y para la financiación de servicios públicos como la sanidad o la educación. Incluso si la inmigración se mantiene elevada como en los últimos años, nuestras proyecciones indican que ese ritmo no sería suficiente para mantener la tasa de dependencia actual.
No somos los únicos. Las proyecciones de otras instituciones como Eurostat o el Instituto Nacional de Estadística apuntan en la misma dirección.
¿Cómo hacemos nuestras previsiones?
Nuestro enfoque está alineado con los estándares internacionales, pero adaptado a la realidad española y diseñado para analizar cómo la demografía impacta en la sostenibilidad de las finanzas públicas.
A grandes rasgos, las proyecciones demográficas consisten en la modelización estadística de los nacimientos, las defunciones y las migraciones exteriores por sexo y edad. Sin embargo, en ocasiones, estos modelos se ajustan para recoger hipótesis de muy largo plazo:
FECUNDIDAD
Fijamos valores de referencia a muy largo plazo, tomando como guía la experiencia de los países de nuestro entorno.
MORTALIDAD
Igual que en la fecundidad, fijamos valores de referencia a muy largo plazo, según la experiencia de otros países.
MIGRACIONES EXTERIORES
Empleamos un modelo que incluye variables como la población entre 15 y 65 años en el país de origen y el de destino, el “efecto red”-que trata de recoger la atracción generada por una comunidad ya residente- y el diferencial de PIB entre el país de origen y el de destino. Estos son modelos que recogen regularidades de muy largo plazo, por lo que resulta necesario combinarlos con otros que capturen la dinámica de las migraciones en el corto plazo.
Este enfoque basado en modelos permite, además, construir bandas de incertidumbre y escenarios alternativos para analizar cómo cambiarían, por ejemplo, el gasto en pensiones o en sanidad si la demografía fuera algo más o menos favorable.
Mirar al futuro
En definitiva, las proyecciones demográficas nos permiten entender hacia dónde vamos y prepararnos para ello.