
Tras la pandemia, la deuda pública aumentó con fuerza en la mayoría de los países europeos. Aunque desde entonces ha comenzado a reducirse, sigue siendo muy elevada. En cualquier caso, como ya explicamos en este post, cuando hablamos de deuda, la pregunta clave no es solo cuánto se debe hoy, sino si esa deuda será sostenible en el futuro.
Para responder a esa pregunta contamos con análisis que evalúan la sostenibilidad a corto, medio y largo plazo. En España, por ejemplo, la AIReF publica periódicamente la Opinión sobre la sostenibilidad de las Administraciones públicas a largo plazo, cuya última edición se publicó en marzo de 2025.
A nivel europeo, uno de los ejercicios más relevantes es el Debt Sustainability Monitor (DSM) que elabora cada año la Comisión Europea. En febrero se publicó su última actualización. En este post vamos a explicar por qué es un análisis tan relevante y qué nos muestran sus últimos resultados.
¿En qué consiste el Debt Sustainabilty Monitor?

Este informe técnico analiza la sostenibilidad de las finanzas públicas de los Estados miembros de la Unión Europea. Para ello estudia no solo el nivel actual de deuda de cada país, sino también cómo podrían evolucionar sus finanzas públicas en el futuro.
Así, además de evaluar la evolución de la deuda, examina una amplia gama de factores de riesgo adicionales, como las necesidades de financiación, los tipos de interés, el crecimiento económico o el impacto del envejecimiento. Sus resultados constituyen un insumo clave para el Semestre Europeo y para el diseño de la política fiscal en la Unión.
Si quieres saber más del Semestre europeo, consulta este post
¿Qué nos dice el análisis sobre la deuda en Europa?
En resumen, el DSM 2025 confirma que, aunque la deuda pública europea se ha reducido desde los máximos alcanzados durante la pandemia, los riesgos fiscales siguen siendo relevantes en muchos países. Y, mirando hacia el futuro, avisa de que estos riesgos podrían aumentar si no se adoptan medidas adicionales. En 2025, la deuda pública de la UE se situó en torno al 83% del PIB, por encima del umbral del 60% fijado en los Tratados europeos.
Como hemos comentado, el enfoque del DSM es amplio y abarca tres horizontes temporales:
Corto plazo
¿Existen tensiones inmediatas de financiación?
Medio plazo
10 años: ¿cómo evolucionaría la deuda si no cambian las políticas actuales?
Largo plazo
Hasta 2070: ¿qué impacto tendrá el envejecimiento de la población sobre el gasto en pensiones y sanidad?
Este triple enfoque permite identificar no solo el tamaño del problema (cuál es el nivel de deuda), sino también su naturaleza (qué factores la impulsan) y el momento en que pueden materializarse los riesgos.
Corto plazo: mercados tranquilos, pero financiación exigente
A corto plazo, el análisis se centra en una pregunta sencilla ¿cuánto necesita emitir cada país para financiar su déficit y refinanciar los vencimientos de su deuda? Es decir, los riesgos dependen, principalmente, de las necesidades brutas de financiación y de la percepción de los mercados sobre el riesgo soberano.
Según el DSM 2025, las necesidades de financiación seguirán siendo elevadas en Bélgica, Francia, Italia y Finlandia, principalmente por los vencimientos de deuda y la persistencia de déficit. No obstante, los mercados mantienen en general una percepción favorable y todos cuentan actualmente con una elevada valoración (rating).
Medio plazo: la deuda volvería a subir si no cambian las políticas
En este caso, el mensaje central del DSM es que, si no se adoptan nuevas medidas fiscales a partir de 2027, la deuda pública de la UE podría acercarse al 100% del PIB en 2036.
¿Por qué podría aumentar la deuda? El informe identifica tres factores principales:
Mayor gasto asociado al envejecimiento (pensiones, sanidad y cuidados de larga duración).
Incremento del gasto en defensa, en un contexto geopolítico más exigente.
Costes financieros más elevados por un entorno de tipos de interés menos favorable que en la década anterior.
En concreto, 12 Estados miembros presentan riesgo alto a medio plazo, 10 riesgo medio y 5 riesgo bajo. En los países de alto riesgo, la vulnerabilidad se explica principalmente por la dinámica de la deuda:
- En algunos casos, la deuda ya es elevada y sigue aumentando (Bélgica, España, Francia e Italia);
- En otros, se proyecta que la deuda supere el 90% del PIB (Alemania, Hungría, Austria, Polonia, Rumanía, Eslovaquia y Finlandia);
- Y en el caso de Grecia, aunque la deuda disminuye, se mantiene en niveles altos y con margen limitado para reducirse.
Es importante subrayar que estas proyecciones se basan en una hipótesis técnica de “política fiscal sin cambios”. Es decir, no anticipan reformas futuras, sino que muestran qué ocurriría si la política presupuestaria se mantuviera invariable.
Largo plazo: el envejecimiento como presión estructural
El análisis hasta 2070 del DSM identifica 6 países con riesgo alto, 14 con riesgo medio y 7 con riesgo bajo.
En los países clasificados como de alto riesgo (Bélgica, Luxemburgo, Hungría, Malta, Eslovenia y Eslovaquia), el principal factor es el aumento proyectado del gasto asociado al envejecimiento —pensiones, sanidad y cuidados de larga duración—, en algunos casos combinado con elevados niveles iniciales de déficit o deuda.
Esto no significa que la deuda vaya a ser necesariamente insostenible, pero sí señala que, sin reformas estructurales o ajustes graduales, las presiones presupuestarias tenderán a intensificarse.
¿Y qué significa esto para España?
En el caso español, el DSM dibuja un escenario mixto:
Corto plazo
Los riesgos son contenidos. Las necesidades brutas de financiación se situarán en torno al 15% del PIB en 2026-2027 y la percepción de los mercados es favorable.
Medio plazo
El riesgo se considera elevado. El escenario base contempla que la deuda disminuiría ligeramente hasta 2028, pero después volvería a aumentar, alcanzando en torno al 108% del PIB en 2036. Además, las necesidades de financiación seguirían siendo elevadas.
Largo plazo
El riesgo se clasifica como medio, principalmente por el impacto del envejecimiento y la posición inicial de déficit y deuda.
Un informe más relevante tras la reforma fiscal europea
Desde la reforma del marco fiscal europeo, el DSM 2025 sirve también como referencia para evaluar los planes fiscales a medio plazo de los Estados miembros, el documento clave en el que fijan sus compromisos para un horizonte de 4 o 5 años.
Si quieres saber más de la reforma, consulta este post
En otras palabras, el informe no dicta políticas, pero sí ayuda a definir los límites dentro de los cuales las políticas deben moverse para preservar la sostenibilidad.
El propio informe muestra que, si los Estados miembros aplicaran plenamente los ajustes previstos en esos planes, la deuda seguiría una senda claramente más favorable que en el escenario de políticas sin cambios.
¿Qué debemos extraer de este informe?
El DSM 2025 no formula recomendaciones, pero sí ofrece una radiografía clara de las vulnerabilidades fiscales en Europa. La deuda europea no se encuentra en una situación de crisis inmediata, pero su trayectoria futura dependerá de la capacidad de los Estados para adaptar sus políticas a un entorno más exigente marcado por el envejecimiento demográfico.